Reina de los cielos y madre mía, cómo quisiera poder rezar un Rosario completo, pero por el tiempo que dispongo, el cansancio y las distracciones, sé que no me será posible. Recibe por lo menos estos 5 pétalos que desearía fueran un gran ramo de rosas para ti.

  Primer pétalo: Mi situación.

Madre, apenas si me pude acordar hoy de ti y en tan breve momento en tu presencia no me sueltes porque me distraigo fácilmente. Por mis limitaciones aprovecho este brevísimo tiempo para decirte lo mucho que te admiro por ser la Madre de mi Dios y decirte, como un niño pequeño: ¡Madre, te quiero!.

Dios te salve María, ...
Santa María, ...

  Segundo pétalo: Nuestra angustia.

Madre de Dios y madre nuestra, conscientes somos que miras hacia nuestra tierra y te duele nuestra pobreza. Luego miras el cielo lleno de las maravillosas riquezas que nuestro Padre Dios tiene para todos. Por nuestra soberbia, no queremos acercarnos a Él, y peor aún, con nuestras actitudes le hemos pedido que no se meta en nuestra vida. Ayúdanos Madre a conseguir su perdón, a no tener miedo y a confiar cada día más en su bondad.

Dios te salve María, ...
Santa María, ...

  Tercer pétalo: Tu consuelo.

Madre, hemos olvidado tus tiernas palabras: «¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No te encuentras bajo mi sombra?, a mi cobijo?». Olvidamos a cada momento que tú nos proteges y cuidas, perdónanos por no saber apreciar tu gran amor y por vivir en este mundo como si fuéramos huérfanos.

Dios te salve María, ...
Santa María, ...

  Cuarto pétalo: Tu ayuda.

Madre, es deseo tuyo que tratemos a nuestros semejantes, que son nuestros hermanos, como lo hace tu adorado hijo Jesús. No es fácil, nos cuesta mucho trabajo, pero al recordar que tú lo anhelas, intentaremos ayudarlos recordando que también ellos te necesitan.

Dios te salve María, ...
Santa María, ...

  Quinto pétalo: Nuestra alegría.

Sabemos que la alegría de una mamá es tener siempre cerca y unidos a sus hijos. Madre, con tu cercanía recuérdanos siempre, que sólo si nos respetamos vendrá la paz y con ella la satisfacción de nuestras necesidades materiales y espirituales.

Dios te salve María, ...
Santa María, ...

Bendición:

Madre, me ausento de ti sabiendo que tú nunca me dejarás y que siempre estaré protegido con tus maternales cuidados.

Por último, cierro mis ojos para sentir en mi frente tu beso lleno de ternura y tu bendición.

Dulce Madre, no te alejes, tu vista de mí no apartes. 
Ven conmigo a todas partes y solo nunca me dejes.

Y ya que me proteges tanto como verdadera Madre, 
Haz que me bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, Amén.

 

 

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